domingo, 9 de octubre de 2011

¿En qué proporción le ha servido a la selección nacional la condición de jugar como local en La Paz?

En gran parte, esa polémica (esa intriga) tuvo que ver con las eliminatorias, aunque el ya lejano triunfo en el torneo Sudamericano de 1963, el segundo puesto en la Copa América de 1997, y, por supuesto, la clasificación boliviana de 1993, contribuyeron a fortificar los reclamos de las Asociaciones en desacuerdo. Dos cosas ocurrieron en los últimos tiempos: la FIFA dio marcha atrás ante una posición unánime de la Confederación Sudamericana, y varias selecciones extranjeras lograron puntos vitales o muy buenos en la altitud.

La altura sigue siendo un temor y también una excusa oportuna para naciones como Argentina, Uruguay y Brasil, y una buena parte del periodismo de esos países no deja de hablar de los 3.600 metros cada vez que sus equipos deben viajar a La Paz.

Ahora bien. MARCAS vuelve sobre este tema añejo para preguntarse: ¿En qué proporción ha servido la condición de local en La Paz?

La primera respuesta: la selección ha conseguido, en 56 encuentros ante equipos sudamericanos, el 66,07 por ciento de los puntos. Supera a Chile (66 %), Ecuador (65 %), Colombia (61 %), Perú (57 %) y también a Venezuela. Está detrás del porcentaje que las mayores potencias han conseguido en su casa, como Brasil (88 %), Argentina (84 %), Paraguay y Uruguay (75 %).

Pero hay otro detalle que debe anotarse: desde que Ecuador empezó a usar Quito para aprovechar su altitud (ha jugado allí 38 encuentros de eliminatorias) consiguió el 71 por ciento de las unidades en juego en esa sede.

El drama de nuestros seleccionados es que deben ir al exterior. Y como fuera de casa solamente se ha logrado el 11 o 12 por ciento de los puntos, la cosecha boliviana, en total, apenas supera el 38 por ciento, y eso la lleva al penúltimo lugar de las eliminatorias sudamericanas, muy poco por debajo de Perú y bastante por encima de Venezuela.

El fenómeno boliviano de 1993

La impecable clasificación que logró el equipo dirigido por Azkargorta hace 18 años tuvo estas bases fundamentales: las cuatro victorias en La Paz, el rotundo triunfo como visitante en Venezuela y el empate ante Ecuador en Guayaquil.

Fue un torneo que no pudieron digerir Uruguay (eliminado) y Brasil (perdedor de su invicto como visitante), y esa clase de campeonatos no volvió ni volverá a jugarse. De ahí el todos contra todos que rige desde la eliminatoria de 1998, incluso con un detalle para Ripley —la repetición del mismo programa de partidos y la eliminación de cualquier sorteo desde 2002— lo que indica que los grandes están más que satisfechos…

Pese a las gestiones realizadas por varias Asociaciones, no volvió a jugarse en dos grupos y parece difícil que alguna vez se efectúe un sorteo. Los ingresos y derechos por la televisación de partidos siempre suman muchos votos.

Los altibajos de nuestro seleccionado

Bolivia, Colombia, Perú y Venezuela son los únicos países que —con el sistema implantado el 2002— no han conseguido clasificarse a una Copa Mundial. Argentina, Brasil y Paraguay (en las tres ocasiones), Uruguay (dos veces porque perdió una repesca), Ecuador también en dos ocasiones, y Chile en la última versión, han sido los equipos que lograron el ansiado boleto.

En estas tres últimas eliminatorias, nuestra selección ha padecido los altibajos tradicionales, aunque más visibles porque se trata de una competición de dos o tres años. El 2002 se le ganó a Brasil, tardío consuelo, pero antes hubo empates con Colombia, Paraguay, Uruguay y Argentina, además de una amarga derrota (1-5) ante Ecuador.

El 2006 todo comenzó con aire de fiesta (4-0 a Colombia, con la que se había igualado en las dos ediciones anteriores), pero después la caída ante Chile, el empate que se ha hecho costumbre con Uruguay, y las derrotas ante Argentina y Ecuador…

Pero como ejemplo muy duro de esa trayectoria “una de cal y otra de arena”, hay que repasar lo ocurrido en la más reciente, antes del mundial de Sudáfrica. Empate con los colombianos, caída ante Chile y, de pronto, victoria cómoda ante Paraguay que venía arrasando y empate sin goles en Brasil; un empate gris con Uruguay, y otra vez la alegría —esta vez con repercusión mundial— debido al seis-uno ante el equipo de Maradona; pero sobre la marcha, derrota ante Venezuela, caída ante Ecuador, y, de nuevo, victoria ante Brasil que ya no tenía verdadero valor para la tabla.
Altibajo. Sube y baja. Desilusión, luego algún resultado feliz e inesperado, y otra vez de regreso al desencanto.

Este resumen apretado, esta explicación de un fenómeno preocupante, no es —téngalo por seguro el lector— ni premonición ni vaticinio. En octubre empezará una nueva historia y nada impide que lo pasado, pisado. Pero eso no debe significar olvido de la historia.

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