martes, 18 de marzo de 2008

Diego Maradona, a los 47 años, jugó todo el partido y rechazó el veto a la altura


“Ustedes tienen que jugar donde nacieron, hermanos, y eso no lo puede prohibir ni Dios y menos (Joseph) Blatter”, dijo ayer Diego Armando Maradona en el estadio Hernando Siles, donde ratificó el apoyo al fútbol en la altura y su rechazo a la determinación de la FIFA, de prohibir que se jueguen partidos internacionales en ciudades que superen los 2.750 metros de altitud sobre el nivel del mar.

El ex astro cautivó al público que se dio cita en Miraflores, y éste coreó varias veces el “olé, olé, olé, olé, Diego, Diego...” para demostrarle su agradecimiento, a la vez que él, emocionado ante tanto afecto, gritó —dirigiéndose hacia la afición que estaba apostada en preferencia— que en La Paz “se respira bien”, en alusión a que jugar en la altura no hace daño.

Poco antes de comenzar el segundo periodo del partido, el Gobierno nacional sorprendió a Maradona condecorándolo con la medalla al Mérito Civil Libertador Simón Bolívar, en el grado de Caballero, en reconocimiento a su trayectoria como futbolista, por haber sido uno de los mejores jugadores del mundo y por haberse solidarizado con el país, tanto con los damnificados por las inundaciones como siendo un aliado en la lucha contra el veto.

“Esta estrella, esta medalla, se los juro que se la voy a llevar a mis hijas (Dalma y Gianina) con todo mi amor, con todo mi corazón, porque viene de un pueblo muy solidario como es el de ustedes”, afirmó Maradona, ya con la condecoración en el pecho que le impuso el ministro interino de Relaciones Exteriores y Culto, Alfredo Rada.

Cumplido el primer tiempo y tras el descanso, Maradona de nuevo hizo levantar de sus asientos al público, esta vez no con una de sus magistrales jugadas, sino con sus palabras, que sonaron emocionadas.

“Yo, con 47 años, y el presidente de ustedes (Evo Morales), que seguramente tendrá menos, le hemos demostrado a la FIFA que se puede correr adentro de esta cancha (miró el campo de juego desde el escenario montado en la recta de preferencia), que se puede correr, que no pueden tomar una determinación porque les cante a ellos (a los dirigentes de la FIFA)...”.

Hizo alusión una vez más al veto: “Que (Blatter y compañía) no jueguen con la pasión de ustedes, que quieren jugar en su tierra. Nosotros, los argentinos, y yo en nombre de todos los argentinos, les decimos que no le tenemos miedo a la altura, no le tenemos miedo...”

Maradona agradeció al presidente Morales y al viceministro Melgar por haberlo invitado a participar en el festival de ayer. “Me puso muy contento que me llamaran, porque al mirar por televisión a la gente que está sufriendo (en referencia a los que él llama “inundados”), poder dar una mano me pone muy bien. Todos los que estamos aquí (los que llegaron desde Argentina junto a él) estamos dando una mano a toda la gente que lo necesita”.

Mientras el público lo ovacionaba, Maradona recibió de manos del ex astro del fútbol boliviano Marco Antonio Etcheverry una camiseta de la Selección Nacional. Luego se despidió de la afición y volvió a la cancha a jugar el segundo tiempo del partido, a continuar deleitando con su talento, con sus asistencias y con sus goles.

El ex astro gritó: “Este aire se puede respirar”

Parado al borde de las gradas que van rumbo al túnel central, recibiendo todo tipo de muestras de afecto y antes de las dos veces que le tocó bajar por ellas —al final del primer tiempo y a la conclusión del partido— Maradona se dirigió a gritos a la gente: “Sí se puede, sí se puede”, repitió.

Con esas palabras, Diego Armando ratificó que jugar en la altura no es dañino y que está en contra del veto de la FIFA. “Aquí (en La Paz) se puede jugar, en esta cancha se puede correr y este aire se puede respirar”, repitió el ex astro.

Antes de salir definitivamente de la cancha de Miraflores, Maradona se inclinó haciendo una venia dirigida a la afición, con su mano derecha tocó su pecho a la altura del corazón y luego cerró el puño para dirigirlo hacia las graderías.

Después de haber jugado una hora en el terreno que por segunda vez en su vida pisó (la primera fue en 1979), el “10” se agachó, tocó el césped con la mano, y luego besó ésta. “Estoy con ustedes hermanos”, dijo, para luego marcharse.

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