jueves, 28 de junio de 2007

¿El enemigo en casa?

En febrero pasado empezó la tercera -y al parecer definitiva- arremetida contra la altura. El Flamengo se quejó sobre las condiciones en las que sus jugadores tuvieron que disputar un partido de la Copa Libertadores de América frente a Real Potosí en la Villa Imperial. A pesar de que empató 2-2, después de ir perdiendo 2-0, el club brasileño prometió que nunca más sus integrantes pasarían por lo mismo. Un show montado, incluyendo unos tubos de oxígeno puestos cerca del terreno de juego, adonde los futbolistas acudían con frecuencia, a pesar de que la válvula de éste estaba cerrada, fue el inicio de la “guerra” declarada.

El poderoso club de Río de Janeiro lanzó la primera piedra cuando al día siguiente comunicó, a través de su página en internet, su resistencia a volver a jugar en sitios en los que -según su postura- la vida de sus futbolistas corría peligro. Amenazó con elevar su queja ante la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) e incluso llegar hasta la FIFA, y cumplió.

La Federación Boliviana de Fútbol (FBF) hizo aquella vez oídos sordos. También fue el inicio de lo que hoy parece una serie de actos negligentes cometidos por los principales dirigentes del balompié nacional.

Éstos tampoco hicieron nada cuando, semanas después, periódicos brasileños informaron que la FIFA había aceptado considerar en su Comité Ejecutivo de mayo un pedido de su Comisión Médica -reunida en Buenos Aires, entre gallos y medianoche- para revisar los efectos que la altura produce en futbolistas del llano.

El 27 de mayo, la FIFA dio el golpe. Anunció su decisión de prohibir la disputa de partidos internacionales en sitios ubicados en alturas superiores a los 2.500 metros sobre el nivel del mar. No sólo afectaba a La Paz, sino a otras ciudades, como Quito y Bogotá, donde Ecuador y Colombia, respectivamente, disputaron sus partidos como locales en las últimas competiciones premundialistas.

Los dirigentes bolivianos que llegaron ese día a Zurich -para participar en el Congreso de la FIFA, donde la reelección de Joseph Blatter, a quien respaldaron días después, estaba lista- se declararon “sorprendidos” por la determinación. No quisieron acordarse en ese momento de las advertencias anteriores que pasaron por alto ni de su decisión de no referirse al tema por la inconveniencia que suponía removerlo.

La Conmebol logró en Zurich que Blatter aceptara que sea en Sudamérica donde se defina el asunto, con la condición de que se presenten los argumentos médicos suficientes para rebatir los de la Comisión Médica de la FIFA.

La FBF y el gobierno convocaron a los especialistas del Instituto Boliviano de Biología de la Altura (IBBA), cuyo estudio debía ser presentado en Asunción, en una reunión de médicos del continente. La tarea que se hizo fue en vano. En otra extraña actitud, la dirigencia de la Federación se olvidó acreditar a los especialistas nacionales ante la reunión de la Comisión Médica de la Conmebol, y éstos fueron echados del evento. Sólo estuvo presente el médico de la FBF, un traumatólogo con escasos conocimientos en temas de biología de la altura.

La presencia, al día siguiente, del Presidente de la República Evo Morales, en la Confederación Sudamericana de Fútbol, fue determinante para que ésta decidiera pedirle a la FIFA que levante el veto en tanto no se hicieran estudios médico-científicos capaces de certificar los verdaderos alcances de los efectos de la práctica del fútbol en la altura.

La FBF consideró que esa decisión era una señal inequívoca de que la FIFA levantaría el veto. Ni siquiera se dio por alertada de que un médico del máximo organismo del balompié mundial hizo llegar a sus colegas de la Conmebol la postura de flexibilizar el veto, de 2.500 a 3.000 metros sobre el nivel del mar, que dejaba a La Paz sola, pues liberaba a Quito y Bogotá.

A su regreso al país, los dirigentes del fútbol no volvieron a contactar nunca más a los médicos del IBBA, como si su aporte ya no fuera necesario.

El lunes, el gerente general de la Federación Boliviana, Alberto Lozada, anunció el viaje, ese día, del presidente Carlos Chávez a Zúrich, pero el dirigente aterrizó en Venezuela y presenció el partido inaugural de la Copa América. Ayer protestó en San Cristóbal por la decisión de la FIFA. No dijo por qué no fue a Suiza.

NO PIDIERON AYUDA

Desde que apareció de nuevo el fantasma, la Federación Boliviana de Fútbol (FBF) nunca contactó, ni siquiera para pedirles un consejo, a los dirigentes paceños que en el pasado defendieron con éxito a La Paz. Tampoco al médico Mario Paz Zamora, quien fue en 1996 una pieza clave de la comisión antiveto. El ex presidente de la FBF, Guido Loayza, observó ayer que en la comisión no estuviera un dirigente del fútbol paceño.

SÓLO UN PACEÑO

En el Comité Ejecutivo de la FBF sólo hay un dirigente de La Paz, el presidente de The Strongest, Jorge Pacheco. Los otros son: Carlos Chávez (Santa Cruz), Mauricio Méndez (Cochabamba), Jorge Justiniano (Pando) y Pedro Zambrano (Beni).

UNA RESOLUCIÓN

El también ex presidente de la FBF, Sergio Asbún, recordó ayer que durante su gestión propició la llegada de Blatter a La Paz y que éste firmó una resolución, conjuntamente el Comité Ejecutivo de la FIFA, en la que se señala que “no existe riesgo de jugar al fútbol por encima de los 2.500 metros”.

Blatter prometió aquella vez -dijo Asbún- considerar la propuesta nacional de incorporar en la Comisión Médica de la FIFA a un médico boliviano especialista en altura. El tema quedó en nada porque el sucesor de Asbún no continúó las gestiones.
La Prensa

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